Sound of Metal: el sonido del silencio

 


No podía comenzar esta crítica sin empezar alabando el enorme trabajo de sonido marca mexicana de esta película, que ha vuelto a seducir a los Oscar y que no solo le han valido la nominación a Mejor Película, sino a otras cinco más, entre ellas a Mejor Sonido. Y es que una de las características técnicas más interesantes de la cinta es el uso cuidado y eficiente que se hace de él, del sonido, procurando una inmersión e incluso una mayor comprensión del delicado tema que supone la pérdida de la audición. Se nos hace escuchar al detalle la relación con los sonidos que alcanza a percibir a través de su cuerpo el protagonista, Ruben, un batería de heavy metal que se va quedando sordo, y su relación a través de su memoria auditiva con su pasado y su presente. Además, las escenas silentes no resultan frustrantes, sino que son desconcertantemente pertinentes, y muestran una especie de juego con el sonido subjetivo y objetivo a una velocidad verosímil y atrayente. 

“Sound of Metal” aborda así con gran sensibilidad la degeneración auditiva de Ruben (Riz Ahmed), y busca reflejar esa pérdida de la audición con una interesante mezcla de silencios y distorsiones. Los ingenieros mexicanos nominados al Premio de la Academia buscaron retratar esto de la manera más auténtica posible, para que el público pudiera realmente sentir lo que el personaje atravesaba y traducir lo que escucharía una vez afectado su oído.

Otro punto interesante de la película es que no se subraya melodramáticamente, no se llena de gestos histriónicos o situaciones exageradas, envueltas en una tragedia desmesurada para comprender el dolor del protagonista, como sí ocurre con otras películas que apuestan por la vida de músicos atormentados como "Ha nacido una estrella", "Love & Mercy", "Control" o "Whiplash", por poner algunos ejemplos, que tocan la fibra sentimental. "Sound of Metal" es diferente, y ya que se aleja de la escena musical completamente. Tanto para bien, como para mal. Para bien porque consigue desmarcarse y alejarse de la tan quemada manipulación emocional del terreno del drama de superación que tira al melodrama, y para mal, porque quizá no logra profundizar en un contexto que ayude a definir aún más los roles protagónicos.


Olivia Cooke como Lou


No obstante, el hecho de que Ruben sea batería y esté perdiendo la audición, se plantea como en punto lo suficientemente irónico y atractivo como para que el drama se haga más agónico, angustioso, y real, sin necesidad de exagerar. Además, si bien las escenas musicales no abundan en el film, aquellas en las que aparece la batería añaden un elemento físico de rabia, como si el descargar su ira contra ella fuese una manera de desahogarse frente a la irónica y difícil situación en la que le ha colocado la vida. Sin embargo, esa ira no estalla sin control. La narrativa del film avanza con equilibrio y con pausas, y el director Darius Marder (para quien constituye su primer largometraje) no sobrepasa las líneas de la condenscendencia, enlazando la cantidad justa entre contención y rabia, entre ruido y silencio, y combinándolas en un potente ejercicio narrativo de cambio de planos, mezclando silencios con primeros planos, ruido con planos generales, frustración y angustia, desesperación y resignación. 


Riz Ahmed como Ruben

El lenguaje y la narrativa visual se impregnan de miradas y simples gestos gracias a las emociones desplegadas y las entregadas -aunque tampoco magistrales- interpretaciones de los roles protagónicos Ahmed y Cooke, quienes realizan un trabajo bastante conmovedor, sin histrionismos ni exageración. Sin embargo, a pesar de la naturalidad con la que transcurre la narración, no queda muy claro el contexto en el que se encorsetan sus roles, llegando a ser más que personajes genéricos, casi desconocidos (si no fuera porque pasan más del 50% en la pantalla) que atraviesan por dificultades, quizá como propósito del director en centrar más la acción en la dificultad en sí misma que en los avatares que la encierran. 

Olivia Cooke (Lou), Paul Raci (Joe) y Riz Ahmed (Ruben)


Hasta “Sound of Metal” no conocía casi mucho de lo que había hecho el actor Riz Ahmed (ganador de un Emmy por su papel en la miniserie de HBO "The night of"), salvo lo poco que vi de él en su trabajo como villano de Venom, pero he de decir que en su debut protagónico en la gran pantalla de la mano del director Darius Marder sorprende bastante.

Hay algo en su desorbitada mirada que trasciende el desconcierto, el miedo y conmueve, y es capaz de transmitir la odisea de una persona que se enfrenta a una nueva realidad, pasando con una ligereza narrativa de la felicidad a la sorpresa, del abandono a la soledad, y en definitiva interpretando el papel de alguien que  debe lidiar con una parte muy importante de su vida como era el sonido, que se va desprendiendo de él, en silencio. Ese silencio resuena en sus platillos, y se convierte en el telón de fondo que envuelve su arco de transformación, del que se deriva otra de las premisas de la cinta: su dilema vital. 




El argumento de la cinta expone el duro camino de aceptación y la compleja situación que le supone al protagonista la lucha contra una discapacidad auditiva repentina, frente a la que puede optar por el camino difícil (resistirse e ignorar lo que no se puede) o convivir con ella y aprender a aceptarse. El film también se sustenta bajo otras premisas como las dificultades de cambiar los propósitos debido a las circunstancias, y el riesgo a afrontar nuevas consecuencias que la vida plantea y cambia completamente. 



No obstante, "Sound of metal" no es una película que se regodee en el drama del sufrido protagonista, sino que nos obliga a enfrentarnos a lo que él se enfrenta, a observar, y a sentir con una veracidad y una naturaleza apabullantes lo que el siente. Y así, la cinta fluye en su dosis justa de ligereza, cotidianeidad, naturalidad, y verdad, a la par que nos hace testigos no intrusivos del avance de Ruben y de sus miedos, de su duro proceso de aceptación, de su pérdida y su duelo, y en definitiva de su dolor, en silencio. 

En resumen, he de exponer que aunque la imagen de portada de Ruben en la batería apuntaba a unas expectativas que tuvieran que ver con el lado oscuro del rock, y al final acaban derivando en una película relativa a un estilo europeo -por el estilo reflexivo de su resolución, más cercano y exitoso entre el público Sundance-, al final logra consagrarse desde mi punto de vista, como un buen trabajo de cine independiente, que logra romper los esquemas convencionales y proponer una vertiente diferente, más solida, poderosa, eficiente y realista de lo que puede llegar a convertirse un drama de superación. 

Tras esto, aunque "Sound of Metal" no vaya a dejar huella ni ser original para algunos, creo que puede resultar agónica, reveladora e imprescindible para otros, y sea como sea, el sonido se convierte también en el protagonista y el antagonista, impactando con fuerza a lo largo de la cinta, cobrando presencia y haciéndonos testigos, escuchando sus sonidos, en silencio. 



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