Danzad, danzad malditos (1969)

 


Aunque el título original “They shoot horses, don´t they?” iría más acorde con el trasfondo irónico de la película, el título en español “Danzad, danzad malditos” también podría servir para recalcar la espectacular metáfora y crítica hacia la sociedad norteamericana que ejerce el film de Sydney Pollack.  

El director, famoso por otras obras como Tootsie (1982) o Eyes wide shut (1999) comenzó su carrera en el cine con The Slender Thread (1966), y aunque ya había alcanzado grandes éxitos con obras como El nadador (1968) o Propiedad condenada (1966), le pidieron producir y dirigir la adaptación de la novela de Horace McCoy de la que surgiría su sexta película, Danzad, danzad malditos: un retrato de la gran Depresión estadounidense en forma de drama de baile un tanto atípico ambientado en los años 30, que acaba encerrando una doble moral filosófica sobre lo que supone formar parte de una sociedad del espectáculo.  

Y es que, ¿qué es lo que pasa cuando en época de gran hambruna unas personas de todas las edades y condiciones, desesperadas por conseguir techo y comida se inscriben en una maratón de baile donde no pueden parar de bailar salvo por breves instantes y donde son observados por un público indiferente y flemático ante su sufrimiento? Que se vuelve tan tedioso como la frase a la que os acabo de someter leer, además de un espectáculo cruel y degradante.


Pocos medios y escenarios (un salón de baile), un tiempo continuo (una maratón), unos cuantos personajes y un maravilloso y recalcado uso del flash forward son suficientes para retratar la cara más agridulce del famoso y deseado sueño americano en pleno crack del 29. Época en la que concursos de baile que hacían bailar a parejas de forma continuada durante días y noches hasta que ganaba la que resistía más tiempo se convertían en el entretenimiento del momento. Concursos con doble vertiente: ya que, por un lado, los participantes conseguían lo que querían (poder dormir y comer), pero por otro, se convertía en un circo, una especie de espectáculo de entretenimiento para una sociedad hipócrita que lo tiene todo, y se contenta con ver el sufrimiento de los que no lo tienen, y tienen que pelear por obtenerlo.



Dentro de la trama principal, bailar durante días y días hasta caer exhaustos, enfermos, deshechos y desquiciados por la fatiga, se deriva una trama amorosa secundaria por la que los arcos de transformación de los protagonistas: Robert (un Michael Sarrazin que hacía su primer papel protagonista) y Gloria (una soberbia Jane Fonda a la que consagró en Hollywood) se cruzan.


Se conocen en el concurso porque casualmente son obligados a formar pareja, y acaban enamorándose. Sin embargo, a pesar de que el promotor les pide que se casen allí mismo y se divorcien para entretener al público, ellos se niegan. De hecho, el personaje de Gloria es uno de los que más afectado termina por todas las aberraciones, vejaciones que sufre durante el concurso, tanto hacia su persona como al resto de participantes.

La humillación social y la incredulidad de la hipocresía de la sociedad que le rodean se vuelve demasiado para procesar, y (ALERTA SPOILER), la película acaba precipitándose hacia su depresivo y desesperanzado final. Gloria le pide a Robert que la mate, a modo de sacrificio, como a los caballos cansados de correr y que no tienen fuerzas para continuar. Él le dispara en la cabeza, con una única bala, contrastando y estableciéndose un paralelismo con la escena del principio de la película en la que un niño es obligado a sacrificar un caballo cansado. Un símil metafórico entre ella y el caballo al que sacrifican.



En general, todas son actuaciones maravillosas que desprenden un magnetismo que te hacen estar impactado con cada una de las historias paralelas que surgen a lo largo del film: como la del anciano vestido de marinero, la embarazada de varios meses, o la aspirante a actriz que pierde su vestido y que afirma no ser nada sin él. Todo un retrato de la sociedad de la época que adquiere la guinda del pastel interpretativo con Rocky: el empresario organizador del concurso (encarnado por un excelente Gig Young que se llevó el Óscar a mejor actor de reparto), y que ejemplifica a la falta de humanidad lastrada por un interés económico, interesado en buscar sacar el máximo beneficio sin importar el precio. Precio que si tenía el ganar el concurso: 1500 dólares americanos y 7 comidas al día. Pero premio que no se conseguiría sin el público, el espectáculo y el cobro de la entrada. Pero el fin justifica los medios ¿no?



En fin, el guion adaptado de James Poe y Robert E. Thompson no deja indiferente a nadie, y no hace más que recordarme a todo el contenido carne de reality show que es creado cada día y al que se nos expone mediáticamente, ya sea directa o indirectamente. A una espectacularidad televisiva en la época de la PostTV basada en los rituales circenses y el zoo visual propuesto por el autor Gérard Imbert, quien introduce su concepto de telerrealidad, mostrando a la TV como instrumento de manipulación y creación de la realidad propia, en lugar de ser su reflejo objetivo y fiel. Es decir, una construcción de una realidad propia integrada por los contenidos televisivos, que se vuelven espectáculo y entretenimiento.

Esa y otra mucha más magia de la creación de la televisión es a la que me ha recordado el paralelismo que ha hecho el director en esta película entre el espectáculo y la realidad.

En definitiva, Pollack consiguió envolver un mensaje en forma de crítica hacia el la sociedad del entretenimiento y presentárnosla en precisamente eso, en una irónica radiografía de la realidad y sociedad norteamericana del momento, que más allá del éxito que pudiera llegar a obtener al ser nominada a los premios Óscar, logró trascender mucho más allá, hasta ser utilizada posteriormente como referencia literaria y periodística, a inspirar temas musicales, a grupos de rock, y a algún que otro reality show.

Por tanto, se consagra como una película de ficción que se traslada a la realidad, tristemente cruel y actual como pocas.

Paralelismo que incita a la reflexión. Un circo más de los horrores.


 TRÁILER DANZAD, DANZAD MALDITOS





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