OLDBOY: UNA BESTIA HIPNÓTICA
(Ojo: esta crítica contiene muchos spoilers)
Este increíble thriller psicológico surcoreano dirigido por Park Chan-wook e inspirada en el violento manga japonés homónimo -de guion de Garon Tsuchiya y dibujo de Nobuaki Minegishi-, va a cumplir la mayoría de edad, y es que se acerca a los dieciocho años desde su estreno el 21 de noviembre de 2003 en Corea del Sur.
Oldboy es una obra increíblemente circular, y fascinantemente visual, casi hipnótica desde el detonante hasta el clímax, que se consolida como la segunda parte de la `Trilogía de la venganza´ -seguida de Sympathy for Mr. Vengeance, (2002) y continuada por Lady Vengeance, (2005)- todas dirigidas por Chan- wook. Una cinta que bebe de elementos de la tragedia griega y hace guiños a la obra literaria "El conde de Montecristo" de Alejandro Dumas, -a la cual deben su existencia la mayoría de obras carcelarias, tanto literarias como cinematográficas-.
¿QUIÉN BUSCA VENGANZA REALMENTE?
Para empezar a hablar de esta película hay que comenzar con la premisa: ¿de qué va Oldboy?
Pues de una persona encerrada y atormentada sin motivo aparente que busca desesperadamente servir una venganza en un plato frío. En este caso en uno de pulpo frío. La película se centra así en un hombre de negocios, Oh Dae-su, que un día es secuestrado y confinado en una celda durante años, con la única compañía de una televisión, y las noticias que va viendo cada día. Sin embargo, desconoce la razón por la que se encuentra encerrado. Ese desconocimiento y el odio y rencor hacia su captor durante su aislamiento tomarán forma de venganza.
La venganza es un recurso muy utilizado en el cine porque permite un acercamiento al espectador del personaje por sus consecuencias dramáticas y una mayor -si bien no completa - comprensión e identificación con su sentimientos. Así, el realizador surcoreano nos pone en la piel de un hombre que en ocasiones se comporta como un ser irracional que se mueve por estímulos, y que no piensa lo que hace, y cuyo objetivo es lo único que hace que su mente siga funcionando. El mismo Daesu (interpretado por el entregado actor Choi Min-sik) se autodenomina bestia en la película. Se muestra así la violencia como algo inherente en el ser humano, algo que si no controlamos nos puede llevar a la propia autodestrucción, algo por lo que todos podríamos convertirnos en lo que Daesu afirma haberse convertido, en una bestia.
DESTRIPANDO EL GUION
Oldboy comienza de forma impactante. Estamos en el tiempo presente: entrada desde negro, y en lo alto de una azotea de un edificio aparece un hombre que está apunto de caerse al vacío, pero que está sujeto de la corbata por otro hombre que afirma llamarse Oh Dae-su.
Comienza flashback explicativo: Oh Dae- su es un empresario con problemas de alcohol que una noche es retenido en una comisaría por sus excesos, y por alterar el orden público. Su amigo, un tipo encargado de un cibercafé acude a su encuentro. Cuando salen de la comisaría, este llama a la esposa de Oh Dae- su para tranquilarla porque es el cumpleaños de su hija, y de repente, alguien con un paraguas violeta aparece y rapta a Oh Dae-su. Pero, si Oh Dae-su significa en coreano "persona que se lleva bien con todo el mundo", entonces ¿por qué su vida se ve inmersa en el caos y violencia?
Nos dejamos de preguntas y volvemos a la película. El flashback continúa y aparece Daesu de nuevo encerrado en una habitación a modo de cárcel pero con aspecto de apartamento con la única compañía de un televisor, y un cuadro con un hombre retratado con expresión de dolor en el rostro a modo de "El grito" de Munch. Ahí pasa 15 años, encerrado sin saber por qué, sufriendo alucinaciones y enloqueciendo cada día más debido a la soledad, a la par que va labrando su propósito de venganza, hasta que finalmente, un día, le duermen con un gas, y tras una aparente sesión de hipnosis, sin saber cómo, se ve libre en la azotea de aquel edificio en la que impide que el hombre de la corbata se suicide. Un buen comienzo que te atrapa desde el inicio. Comienza así un juego cargado de violenta sed de venganza.
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| Oh Dae-su durante su encierro |
Estamos ya en el tiempo presente de nuevo y aparece nueva escena en la entrada de un restaurante chino de sushi. Alguien le entrega un móvil y dinero en efectivo. Al entrar conoce a una camarera llamada Mi-Do a la que pide un plato de pulpo. La actriz, Gang Hye-jung borda su personaje con su perfecta y cautivadora actuación.
A través de ese móvil que le han dado recibe una llamada de un tal Woo-jin, su supuesto raptor, (interpretado por el malvado y brillante Yoo Ji-Tae), pero nosotros todavía no lo sabemos claro, y le dice que dispone de cinco días para saber quién es, cómo y por qué le raptó, sino, la camarera a la que acaba de conocer morirá. En ese momento se desmaya, y la camarera se lleva a Daesu a su casa para ayudarle. Poco a poco se irán enamorando, pero lo que Daesu no sabe es que hay un secreto que le une a Mi-do y que no se desvela hasta casi al final de la película.
Por lo tanto, tenemos un detonante de situación, una llamada en la que el propio raptor le confirma que quiere que le busque, y por la que siembra en Daesu la cuestión dramática principal: averiguar su localización y el motivo del encierro. Sin embargo, a medida que el esplendor de lo visual y narrativo del relato avanzan, el espectador se empieza a plantear que puede haber alguien más que haya buscado venganza, y que el encierro de Daesu sea motivo de ello.
La primera pista de Daesu para encontrar a su captor es el nombre de un restaurante que aparece en un trozo de recibo que logró capturar a uno de sus carceleros al darle la comida durante el encierro. Así, todo se va sucediendo en un juego macabro, sangriento y detectivesco en el que Mi-do y Daesu van quedando envueltos.
Hasta que aparece un falaz y maravilloso plot twist que sume en el desconcierto al protagonista y a nosotros y en el placer agridulce de haber sido sometido a un ilustre engaño. Así, Daesu acaba descubriendo que en realidad la venganza ha sido contra él por haber contado el tabú incestuoso de la relación de su raptor y la hermana de éste en su época de estudiante; y también se descubre que fue el propio raptor quien le llevó a Daesu y a Mi-do mantener una relación sexual sin saber que ambos en realidad son padre e hija.
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| A la izquierda Mi-do (Kang Hye-jung), a la derecha Oh Dae-su (Choi Min-sik) |
Finalmente, Daesu se ofrece a dejarse cortar la lengua por Woo-jin para que no se "vuelva a ir de la lengua" y a cambio de no contarle la verdad a Mi-do sobre que él es su padre, en un sufrido acto de súplica y sumisión enmarcados en una lamentable escena cargada de humillación. Pero una humillación más soportable para Daesu que la de su propia autodestrucción al escuchar su relación incestuosa con su hija (sí, su raptor les graba manteniendo relaciones y luego se lo reproduce en estéreo).
El hecho de que nos enteremos que su captor es el que busca venganza contra Dae-su es algo que rompe totalmente los esquemas, y las expectativas labradas, dejándonos aturdidos y con ganas de saber más.
Tras este denigrante clímax, Woo-jin acaba ofreciéndole una supuesta sesión de hipnosis que haría a Oh Dae-su olvidar su "terrible pecado". Sin embargo, todo queda en una especie de amargo y ambiguo final abierto en el que no se sabe si continua sabiendo la verdad o si por el contrario lo que queda es un Oh Dae-su sumido en la ignorancia tras esa misteriosa, confusa y abstracta sonrisa final con la que abraza la carnalidad de sus sentimientos por Mi-do al reencontrarse con ella.
A MODO DE SÍNTESIS
La inmejorable estética de esta película acompañan al relato de tal forma que la fuerza visual arrastra al espectador por todos los vaivenes del infierno de Daesu; y la impresionante banda sonora del artista Jo Yeong-wook (mención especial a la carismática The Last Waltz) realza unas imágenes bellísimas, que exprimen al máximo cada fotograma con singular artificiosidad y guía las sensaciones del espectador. De hecho, Chan-wook consigue narrar mucho en pocas imágenes y con una sutileza y originalidad tales en los planos que resultan atractivos e hipnóticos y animan a continuar la injusta historia de Daesu. Además, todo el conjunto de escenas y secuencias son las piezas de un enorme puzzle a modo de montaje en el que nada está puesto o dejado al azar, dejando para la posteridad y el recuerdo, algunas escenas memorables como cuando Daesu pide comida un pulpo vivo en el restaurante y cuando se lo come se ve como se retuercen los tentáculos por su rostro; o la secuencia de la pelea en el pasillo y los movimientos del protagonista enfrentándose a un grupo de torpes delincuentes seguidos por un travelling horizontal. Algo muy curioso es que las escenas de brutal violencia también están ambientadas con música clásica (al estilo de la 9ª sinfonía de Beethoven en "La naranja mecánica"), pero en este caso sustituido por el concierto para violín de "Invierno" contenido en "Las cuatro estaciones de Vivaldi".
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| Travelling escena de "la pelea del pasillo" |
Otro aspecto muy recalcable del film es que por muy simple que pudiera resultar una historia de venganza, acaba volviéndose cada vez más compleja y enmarañándose en una serie de crudas subtramas y sádicas reacciones humanas en forma de mezcla de acción y thriller que acaban llevando el relato dramático a un inesperado y sorprendente final abierto concebido como un lacerante engaño y sumido en un naufragio psico-emocional tremendamente desafiante.
En definitiva una historia de venganza y redención llena de momentos y secuencias inolvidables y una obra de visionado obligatorio que es posible que no sea concebida de la misma manera por todos.
Ríe y el mundo entero reirá contigo; llora y llorarás solo. Y solo es como pasa el protagonista de esta maravillosa cinta quince años. Quince años forjando una venganza que intenta consumar en cinco días de "libertad" en los que estuvo más atrapado que nunca.









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