La flaqueza del bolchevique

 


La película (basada en la novela homónima de Lorenzo Silva) abre con unos títulos de crédito en los que aparece una fotografía de las hijas del último zar ruso: Nicolás II, y en particular, su hija, la princesa Olga. La clave para entender, con un solo plano toda la intriga moral que la película propone es que aquel bolchevique encargado de fusilar a la bella Olga tuvo un momento de flaqueza, un momento que quizá pudo cambiar de alguna manera su vida, y que coincide, en un asombroso ejercicio de paralelismo, con un momento que también llevarán a la ruina la vida del cínico narrador protagonista, a quien un instante de banal casualidad le conducirá por caminos que le abocarán a ese momento de flaqueza, a un instante a solas en un descampado con la Lolita que ha roto la monotonía de su vida. 

Pero para entender todo esto hay que comenzar hablando de la sinopsis. Pablo, de treinta y tantos años y de carácter cínico, escéptico y existencialista, es un tipo que trabaja en un banco de inversiones, del cual está harto. Una mañana, choca accidentalmente contra el descapotable de una chica llamada Sonsoles, la cual le mete en un lío con la policía y el seguro. 

Sonsoles, interpretada por Mar Regueras


Pablo, en un arrebato inmaduro y con ciertos rasgos preocupantes de psicopatía empieza a molestarle y hacerle llamadas desde cabinas  Telefónica, (de esas ya casi extinguidas) a las tantas de la madrugada a su casa. Disfruta molestándola y se convierte en su entretenimiento diario. Es decir, que hasta aquí tiene una obsesión que le hace menos tediosa su vida, hasta que esta da un giro al encontrarse a María (spoiler: la hermana de Sonsoles) -pero eso hasta el final de la película él no lo sabe-. Sin embargo ésta tiene 15 años y de la única manera en la que puede acercarse a ella sin levantar sospechas de pedofilia es a través de sus turbios ataques de acoso a las puertas del colegio. Y así, hasta que tras un extensivo ejercicio de stalkeamiento decide hablarle. María le sigue el juego y comienzan así una extraña relación en la que pasean juntos por el parque, y éste la lleva a la piscina, y ella le espera a la salida del trabajo, y etc., etc. entre otras cosas varias... María parece hacerle mucho bien a Pablo, y este vuelve a pensar que su existencia tiene sentido. Ha encontrado a su Lolita, pero se expone el doble rasero moral, y es que Pablo no pierde la consciencia en ningún momento de que la sociedad no ve con buenos ojos el tipo de relación que mantienen, por eso le desea lo mejor y se intenta alejar de ella. Sin embargo, no le va a ser fácil ya que será luego María quien no deje de acercarse a Pablo. 

Pablo (Luis Tosar) y María (María Valverde)


Para descubrir el final tendréis que leer la novela o ver la película. No seguiré destripando más. 

Por tanto, tenemos a un Luis Tosar inteligente pero de orígenes obreros que llega a ser ejecutivo, pero que sin embargo no encuentra sentido a lo que hace o donde está, y que por muy alto que haya llegado en la escala social, se encuentra encerrado en un sistema del que no puede escapar. Un hombre consumido por la rutina, malhumorado, que todo lo aborrece y al que todo parece apesadumbrarle, hasta que conoce el cariño de María, la única que puede hacer más soportable su vida, y la única que le ayuda a derribar esos muros clasistas que siente que le encierran. En definitiva, un cuadro extraño entre amor y comprensión, insertado en un contexto humanista en el que un hombre de gran hastío vital encuentra una vía de escape a ese nihilismo gracias a una joven que despierta en él algo que creía desaparecido, quizá deseo, quizá ganas de volver a sentir, las sensaciones se dejan al libre pensamiento y juicio del espectador.  

Aquí abajo os dejo un pequeño vídeo de una conversación entre María y Pablo en la piscina en la que este le cuenta qué le motiva en la vida. 

                              

La película se desarrolla así mezclando lenguaje claro y preciso en ciertas ocasiones, y rudo y coloquial en otras, y la música de Roque Baños y los ritmos rockeros de Extremoduro, consiguen conectar y acompasar los torpes movimientos y obsesivos actos del protagonista a su vacío vital contemporáneo. De este modo, Martin Cuenca va conduciendo fluidamente esta desequilibrada y demoledoramente historia moral. Sin embargo, la falta de continuidad sentida en ocasiones  produce cierta desconexión con la narración, quizá ocasionada por poca profundidad en algunos diálogos del guion, y es que, el guion copia frases literales del libro, pero se deja muchas en el tintero. 

En definitiva,  no se sabe si calificar este lento drama de 95 minutos de cierta turbiedad romántica o de sentimental, en la que no se llega a criminalizar la pedofilia, pero tampoco se diferencia bien claro el amor o la fascinación que le producen el conocer a María, del abuso o la delincuencia. Aún así, lo que sí es seguro es que gran parte de la narración de la novela se pierde en el film. Pero ya se sabe que pasa con las adaptaciones. Por lo tanto, y así como pincelada final, con lo que me quedo es con las increíbles y naturales actuaciones de los protagonistas y la sorprendente química entre María Valverde y Luis Tosar. Lo peor quizá, una puesta de escena un tanto plana y un creciente dramatismo desembocado en un precipitado y desinflado final del que cabría esperar más. 











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