`Gambito de dama´: jaque al establishment heteropatriarcal


La reciente producción de Netflix `Gambito de Dama´ es una miniserie de época basada en la novela homónima de Walter Tevis que narra la historia de Elisabeth Harmon, una pequeña huérfana en una Kentucky de los años 60 con un don innato al ajedrez que empieza a jugar a hurtadillas en un orfanato y que con el tiempo empieza a destacar como una eminente figura, que la llevan a lo más alto del mundo de la competición y a lidiar con la soledad del éxito en compañía del alcohol y drogas. 
Formada por siete episodios, Scott Frank -coguionista de Logan- escribe y dirige junto a Alan Scott esta adaptación en la que se abordan tres temas principales: la adicción de la protagonista a los tranquilizantes que se administraba y "dosificaba" en el orfanato, el ser una eminente figura destacando en un mundo de hombres, y los problemas emocionales y con el alcohol derivados de un ansia por la toma de control y un vacío de cariño fraternal. 



Anya Taylor-Joy como Elisabeth Harmon



LA CONSTRUCCIÓN DE ELISABETH HARMON

La actuación comedida y prudente de lo que pudiera parecer un personaje rígido muestran a una huérfana -una niña áspera e irracional- y su obsesión por llenar los vacíos de una niñez en un contexto de familias desestructuradas a través de sus habilidades en el juego del ajedrez, y el ansia de poder mantener bajo control las únicas 64 casillas que le aportan seguridad. La seguridad de no poder ser abandonada por un juego, en el que ella puede sentirse como un individuo completo, y que ella misma puede decidir abandonar. Un juego que se transforma en necesidad, la necesidad de una joven de hallar un sistema de coordenadas propio en un microcosmos o un mundo de pequeñas piezas y un tablero organizado al que poder controlar, dentro de su mundo real más desorganizado, y así amedrentar la soledad brutal del carácter de un personaje que no ha experimentado amor real y no sabe como experimentarlo. 

Elisabeth Harmon aprendiendo a jugar al ajedrez en el sótano de su orfanato con la ayuda del conserje, el señor Shaibel

Se percibe así como un ficticio biopic de un drama en el que la cámara apenas se aleja de Beth y que ayuda a conectar con ella a un nivel en el que solo nos importa lo que a ella le importa, de tal manera que lo ajeno solo nos importa en el momento en el que tiene que enfrentarse a ello, y lo cual hace que la historia sea íntima, veraz y real. También, la dirección de Scott ayuda a potenciar la hipnótica presencia de una Elisabeth llena de matices, a la que se nos va presentando a modo de gigantesco flashback: retrocediendo a su infancia y la ingesta de tranquilizantes y su evolución como ajedrecista a través de un delicado viaje de madurez de alguien cuyo camino está lleno de unas luces y sombras producidas por un sistema que le ha propiciado adicciones y falta de afectividad, y que a su vez la han ido sumiendo en una soledad agresiva que la llevarán a un punto de inflexión de extrema decadencia. 




JAQUE A UNA VISIÓN MASCULINA 

Series como Girls o Fleabag (escritas por mujeres) han conseguido romper con el male gaze -definido por Laura Mulvey en el 75 como la construcción de obras visuales en torno a la mirada masculina "relegando a la mujer a un estatus de objeto para ser admirado" - mostrando el cuerpo de la misma como sujeto activo  y desafiando el canon por el que la figura de la mujer era vista como objeto de deseo.
Pero para que exista un cambio de paradigma real es necesario que esa ruptura provenga también del sector masculino. De esa manera, Scott y Frank reformulan este manido relato de superación otorgándole a la protagonista una visión revolucionaria y libertaria en la pantalla, desvinculándola de prejuicios y haciéndola triunfar en un deporte tradicionalmente dominado por mentes masculinas. 

Anya Taylor-Joy como Elisabeth Harmon a la izquierda, y Thomas Brodie- Sangster como Benny Watts a la derecha

Sin embargo, Frank y Scott huyen del victimismo de los personajes de este tipo de narrativas, e intentan que Beth no sea un personaje que se defina por su duro pasado, sino por sus acciones del presente, plasmándola como una persona que demanda tener el dominio de la situación y a la que supone un revés todo aquello que no puede controlar. 




La serie también cuestiona el rol clásico de la mujer en la época del American Way of Life de los años 50 y 60. De hecho, la madre adoptiva sirve como contrapunto al personaje de Beth, una mujer cuyo talento musical fue amedrentado por el yugo patriarcal que supuso una dedicación plena como ama de casa. Además, también se señalan ciertos micromachismos que la sociedad tiende a pasar por alto, como el hecho de que los hombres siempre aparecen en pantalla para robarle plano (manspreading) o tratarla con condescendencia (mansplaining). Sin embargo, ella siempre se las apaña para hacerse hueco, usar su labia y salir airosa de la situación (como cuando a pesar de los comentarios infravalorativos de los jueces, decide apuntarse a competir a su primer torneo de ajedrez en Kentucky)


En definitiva, un total jaque (aunque no mate) al establishment heteropatriarcal en forma de apasionante miniserie de época que consigue transmitir veracidad y emoción en una brillante ejecución tanto en lo actoral -de la mano del trabajo de Taylor - Joy (Múltiple, Glass), como en lo dramático. Además, su faceta estilística, apoyada en la magnífica dirección de Scott Frank, consigue que los montajes cambiantes según el guion y una banda sonora que revaloriza la música de época y que logra transmitir la tensión de las partidas reactiven las ganas de sacar el viejo tablero de ajedrez o adquirir uno nuevo para empezar a aprender.





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