Adivina quién viene esta noche a cenar

 


Una aprobación no necesitada de un padre que afirma ser liberal, pero que en realidad demuestra ser una tapadera de su personalidad de burgués reaccionario; unos padres que le imponen a su hijo una deuda para paliar el deber moral de haberle cuidado; un hijo que decide hacer frente a los principios racistas impuestos por su generación anterior y afirmarse en la película como persona, y no como "persona de color"; y la consecución de una decisión que debe ser tomada por unas personas que se aman, y que a pesar de la medida en la que les pudiera llegar a afectar en ese momento, y sin saber lo que el futuro les deparaba, deciden salir adelante, y desprender esperanza, de que algún día puedan llegar a desaparecer los problemas raciales del mundo que les englobaba.  

Sidney Poitier (John Prentice) y Katharine Houghton (Joey Drayton)


Este drama-comedia estadounidense divertido e inteligente del 67 producida y dirigida por Stanley Kramer y escrita por William Rose se estrenó el 12 de diciembre de un año convulso, una película que representa el intento de la administración Johnson por la igualdad, en plena lucha de los derechos civiles. Una película sencilla, pero de una gran carga y certera en el retrato social, que nos habla de eso que decimos ser y lo que realmente somos. 

Joey Drayton (Katharine Houghton), la hija de una familia acomodada, blanca y liberal lleva a su casa a cenar a su novio el médico John Prentice (un soberbio y magistral Sidney Poitier que ya le devolvió una bofetada a un racista blanco en El calor de la noche, Jewison, 1968) con el que tiene la intención de casarse. Nada que nadie no pueda imaginar, salvo la familia de Joey, al ver que John es negro. Los padres de Joey (Matt y Christina Drayton, interpretados por Spencer Tracy y Katherine Hepburn, pareja delante y detrás de la pantalla durante 27 años tanto de manera abierta como clandestina) afirman ser personas abiertas de mente, nada prejuiciosas, y nada racista, y se enorgullecen de haber educado y colmado a su hija de valores raciales en contra de aquellos que afirmaban que la gente de raza blanca era superior a la de raza negra, y que estaban muy equivocados al pensar de ese modo, unos por odio y otros por estupidez.  

Katherine Hepburn y Spencer Tracy (Christina y Matt Drayton)


Sin embargo, a pesar de sus pensamientos progresistas, se empiezan a sentir confundidos por el hecho de que su hija esté con una persona de raza negra y se quiera casar con ella, y le hacen, especialmente a Matt, dejar de lado sus principios, y optar por el camino del prejuicio y la negación, enfadándose consigo mismo por no sentir lo que hubiera esperado dada su ideología; mientras que por otro lado Christina, la madre juiciosa y delicada -aunque al principio se muestra recelosa tras esa inolvidable mirada actuada de dolor, angustia, miedo e incredulidad al ver a John - va dejándose llevar por sus sentimientos fraternales y la alegría y el amor que siente su hija al estar con John. 

Katherine Hepburn como Christina Drayton


La obra se sucede y John les dice a los padres de Joey que si no les dan su aprobación no habrá boda, ya que John sabe que para Joey sus padres son muy importantes y mantienen una relación muy especial con ella. Así, bajo la dirección de Kramer y una brillante puesta en escena (mención especial a esa increíble escena de Hepburn mirando la anaranjada y cálida puesta de sol) el film se va desarrollando, y el tiempo del relato también, en el que no paran de sucederse invitaciones a cenar y nuevas presentaciones para formalizar el enlace, entre ellas la de los padres de John, quienes del mismo modo reaccionan incrédulos al descubrir que Joey es blanca. 

A la izquierda, Mr. y Mrs. Prentice (Roy Glenn y Beah Richards), 
a la derecha John Prentice y Joey Drayton


La película se llevó dos Óscars, uno a Hepburn por mejor interpretación y otro a Rose, por un guion que lucha contra la discriminación y las intolerancias, y que hace que sintamos la necesidad de ser mejores personas. Un guion que trata una cuestión que podría ser perfectamente extrapolable al siglo XXI, en el que por desgracia las discriminaciones se siguen sucediendo cada día, tanto en oriente como en occidente, una discriminación que aviva la llama de una segregación detrás de cualquier contexto: homosexualidad, religión, raza, discapacidad, lengua, sexo o género; y que causa marginación, exclusión, postergación, odio, dolor, rabia, peleas, guerras, muertes y resentimiento. 

No obstante, el final de esta película es el comienzo de muchos otros remakes que han ido tratando esta cuestión. De hecho, Adivina quién (Kevin Rodney Sullivan, 2005) es un remake con los papeles invertidos, ya que en este caso era Zoe Saldana, quien le presentaba a Ashton Kutcher a sus padres. Déjame salir (Jordan Peele, 2017) también tiene mucho de la película del 67, aún cuando a pesar de su aspecto de comedia se acaba convirtiendo en un thriller psicológico de terror interracial a modo de incisiva e inquietante reflexión en torno al choque de razas en la América actual. Un choque que ya hacía saltar chispas en los 50 y 60 sobre una cuestión racial que se intentó plasmar a modo de reflexión en esta cinta de Kramer y Rose, y que encendió la mecha de movimientos intenacionales en defensa de los derechos raciales, que hoy día cobra fuerza física y digital. 

Get Out (Jordan Peele, 2017)


En definitiva, esta obra hace reflexionar sobre qué ocurre cuando se introduce un elemento que perturba las ideas y consigue distorsionar los "firmes" convencionalismos de una familia aristócrata que hasta ese momento habían vivido en la más idílica existencia dentro de sus jaulas de oro: en esta ocasión el racismo étnico. En la película, el padre (Matt) le expone al señor Monsignor Ryan (interpretado por Cecil Kellaway) el porqué no puede aceptar que su hija esté con John, y que la cosa podía cambiar en unos 50 o 100 años, pero que en ese momento no lo podía aceptar. Esos 50 años ya han pasado, y lamentablemente, a un perfecto matrimonio Spencer-Hepburn de nuestros días y de clase media-alta de profesionales cultos y liberales votantes de centro -no lo suficiente progresistas como para ser liberales ni lo suficientemente conservadores para ser moderados - no les costaría aceptar que su hija estuviera con un abogado de bufete propio o un guapo empresario negro, pero habría que verles la cara si su niñita entra por la puerta de la mano de un temporero o un mantero con sus novedosos artículos importados a precio de ganga. 

                         

La discriminación se ha ido ocultando, pero no se ha consumido, en lugar de eso predomina una hipocresía que a la hora de la verdad, rezuma por encima de unas falsos principios. Y eso precisamente es lo que quizá quede por erradicar, el que por encima de cualquier convención moral y social predominen los prejuicios. 





Comentarios

Entradas populares