`REALITY BITES´ AUN EN 2020


Casi 30 años después y seguimos igual.... los jóvenes millenials se siguen haciendo la misma pregunta con la que empezaba Reality Bites, esta medio comedia, medio drama romántico de Ben Stiller del año 94: "¿cómo podemos arreglar el desastre que hemos heredado?"

La película logra reflejar el tema de la cuestión generacional y el sentimiento de pertenencia a una generación u otra de una forma pura. En concreto habla de la generación X, los nacidos entre 1965 y 1981, los hijos de los hippies baby boomers y los predecesores de los millenials. En definitiva, una generación silenciosa que siempre ha estado buscando respuestas desde el desahogo económico y social, y preguntándose si querían llevar un estilo de vida “convencionalmente estandarizado" por los regímenes sociales imperantes o si había posibilidad a aspirar a algo diferente en la vida a parte de eso que ya se les venía impuesto.


Steve Zahn, Winona Ryder, Ethan Hawke y Janeane Garofalo


Una generación marcada por dudas existenciales procedentes de su infancia y la despreocupación, hasta que eran mordidos por la realidad. Pero quizá eso es lo que la película lastra, que las cosas cambian y que quizá no todo el mundo puede vivir simplemente de ideales, o simplemente pensándolos más allá de perseguirlos. 


Winona Ryder y Ethan Hawke como Lelaina y Troy 


Pero, más allá del hecho de que ofrezca un retrato generacional o no y de quien alude a que es difícil la comprensión de su pureza si no se pertenece a esa generación, se estaría dejando al margen del cuadro interpretativo a toda persona que más allá de no ser parte de la generación X también se ha podido llegar a sentir identificado con lo que se narra en la película. 



Porque, ¿y si el argumento de la película no fuese solo exclusivo de la generación X? 

Y si se tratase simplemente de una comedia que trata sobre el paso a la madurez emocional, de personas con ideas claras sobre lo que quieren pero sin encontrar su sitio en el mundo, sin saber lo que hacer con su vida y tratar de disfrutarla mientras lo averiguan? Y por tanto, ¿y si se tratase de una comedia que reflejase perfectamente el sentimiento que muchas personas pertenecientes a la generación millenial, e incluso los primeros Z, sienten en este momento? 

Y es que no es de extrañar, siendo generaciones que se han dado de bruces con sucesivas crisis y que naufragan ahora en la desesperanza de un futuro incierto y recurren al existencialismo imperioso de criticar al universo y señalarlo como el único artífice de su mala suerte. Cuando en realidad aunque así fuera, sería una excusa para no intentar aquello que les hace salir de su perfecta e incomprendida comodidad. 

Además, ¿por qué esta película sigue siendo perfectamente trasladable al siglo XXI, 26 años después? ¿Es que nada ha cambiado? ¿Es que ese sentimiento de sentir que nunca se es independiente del todo nunca se va desvanecer? 

Pues efectivamente no, y es de esa hostia de realidad de lo que se habla en la película, que siempre se va a querer ser independiente a toda costa, pero en realidad siempre se va a depender de algo,  ya sea de un sistema económico, un trabajo o incluso de tus padres.

También se habla del querer aparentar el tener unos ideales férreos y estar por encima de cualquier convicción social cuando en el fondo se convive en un sistema capitalista en el que precisamente ideales y moral no vienen de la mano. 

Todo eso  se convierte en una amalgama de remordimientos y culpabilidad que confluyen en una espiral de construcción de una identidad que absorbe y consume a quien se encuentra en su interior.

Por tanto, en una era en la que predominan el subjetivismo radical, el desasosiego, el orgullo exacerbado y el cumplimiento de unos sueños vagos e idealizados, el ser humano se vuelve un ser apático, incapaz de comprometerse con una realidad que cada vez ve más líquida, como Baumann. Y es que vivimos en un mundo que nos ofrece tantos estímulos, y una época con tantas opciones, y tantas posibles decisiones que tomar,  y tantas "oportunidades" que aprovechar, que nos bloqueamos y nos abrumamos continuamente por cuestionarnos todo aquello con lo que podríamos ser felices y no lo somos, o todo aquello que "no tenemos" y con lo que "podríamos serlo", o simplemente por miedo a elegir un camino y fallar en él. 

Esta es una crítica bastante subjetiva, pero precisamente porque creo que esa capacidad de crítica, y esa capacidad de cuestionamiento y auto cuestión son bastante poderosos a la hora de construirnos como personas. Hay que ser capaz de aprovechar todos esos elementos, y transformar las experiencias vividas en un instrumento de poder para construirnos y formarnos. Convertir esos elementos negativos que nos condicionan o nos frenan en futuras ayudas para no volver a pasar por ellos. Tampoco seríamos quienes somos ahora sin todos  procesos transformativos por los que hemos pasado. Somos fruto de lo que vivimos, y no tenemos que arrepentirnos ni pensar que podríamos ser o pensar diferente. Al final esos antes o después que nos han marcado nos han hecho más valiosos y más fuertes porque hemos sabido afrontarlos. El poder de cuestionarse y la construcción de una fortaleza mental es lo que nos hace ser capaces de ser quienes somos. Parece una tontería, pero en esta era digital y de paradigma de datos en la que nos desenvolvemos diariamente es importante encontrar nuestra identidad, para construir nuestra persona a partir o entorno a ella, y saber afrontar diferentes situaciones o poder decidir o actuar. 

A veces es difícil encontrarse a uno mismo, y lo más fácil es desistir o desertar. Pero eso tampoco es la solución. Si te olvidas del mundo al final el mundo se acaba olvidando de ti. 

Por tanto, que no solo de generación X va la cosa, sino que más de uno de la generación baby boomer se habrá sentido así, y millennials ya lo hacen, y más de uno de la generación Z y T también lo harán. Porque es así, es lo que hemos heredado, y es parte de la era globalizante en la que nos encontramos. Algunos dirían que es lo que nos toca vivir, y los transhumanistas dirían que es el comienzo de una modernidad mucho más confusa y para la que nadie está preparada aún.  Pero ante eso, ¿qué vamos a hacer? ¿Resignarnos o atrevernos a dar pasos? 

Pues contesto lo mismo que la maravillosa Winona Ryder en Reality Bites: "No lo sé". 




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