Madre! y las lecturas de Aronofsky
¿Os suenan El cisne negro (2010),
Réquiem por un sueño (2000), El luchador (2008), La fuente de la vida (2006) o
Pi: fe en el caos (1998)?
Son algunas de las
maravillosas películas de este impresionante pero muy poco valorado e incomprendido
cineasta: Darren Aronofsky.
Y digo poco valorado, porque siendo
uno de los directores con tal cantidad de talento y capacidad de creación, sigue
siendo muy incomprendido por el carácter surrealista de algunas de sus
creaciones. De hecho, en todas y cada una de sus películas representa
alegóricamente ideas elementales que están dentro de un proyecto narrativo y
visual más. Un proyecto que encierra temas como la dimensión trágica del amor,
la idea del talento creativo o la cara más amarga de los intentos de superación,
y la concepción cristiana de sufrimiento como camino hacia la iluminación.
Sin embargo, y como es en el caso
de esta película, Darronofsky, a pesar de las críticas que sabía que recibiría hacia
su falta de verosimilitud, a su violencia explícita y a la imposibilidad de
interpretaciones en el relato, decidió hacer la película que quería hacer. Y
finalmente, Madre! vio la luz.
Madre! es una película encriptadada,
para nada comercial y un tanto incómoda para algunos espectadores. Tanto el
estilo visual como las posibles referencias simbólicas que el espectador sea capaz
de encontrar a lo largo de le película están destinadas a convertirse en una
experiencia totalmente subjetiva, derivándolo quizá del objetivo que sería
encontrar la trama narrativa en una película no subjetiva.
Además, la sinopsis también es
compleja de elaborar: una mujer (Jennifer Lawrence) a la que
le pilla por sorpresa que su marido (Javier Bardem), que está en pleno bloqueo
creativo, no pare de invitar a desconocidos en la casa. Desconocidos interpretados
por los brillantes Ed Harris y Michelle Pfeiffer que no pararán de tomarse más
libertades de las que deberían en la casa. Unos molestos e inoportunos intrusos con los
que Jennifer empezará a estresarse a medida que avanza la película y a querer.
Además, entre medias no parará de sufrir delirios y de abrazarse a las paredes y
de sentir como si un corazón estuviese latiendo detrás de ellas.
Para empezar, voy a comenzar
describiendo algunas de las emociones que transmite el film: al principio
tienes claro que la pareja formada por Jennifer Lawrence y Javier Bardem es un
poco turbia, pero no porque veas extraño que puedan funcionar a nivel actoral
como personajes sino por la atmósfera que se encarga de transmitir la
maravillosa banda sonora del alemán Jóhann Jóhannson, quien ya ha participado
en las bandas sonoras de otras películas como La llegada o La teoría del todo.
Además, tuve la posibilidad de poder
observar la película con más gente y descubrí que el espectador pasa por
diferentes fases: desde pensar que es un thriller de terror psicológico en el
que uno de la pareja va a matar al otro, hasta pasar por la fase en que todo lo
surrealista y onírico es posible como el hecho de que la casa tenga vida y vaya
a destruir a todos (que en realidad no va mal encaminado).
Sin embargo, la película es una
metáfora en sí misma, es por eso por lo que no hay un único significado posible
o un relato principal a partir del cual seguir. Ese relato principal queda
destruido por la alegoría, y cada uno debe inferir un significado (en la medida
de lo posible) a medida que se va desarrollando la película. Y si no se puede
inferir, pues como hace casi todo el mundo que la ve sin tener idea de lo que
significa, mirar reseñas. Sin embargo,
lo que le suele ocurrir a la mayoría de la gente cuando no tiene un relato que
seguir es que se disocian de la película, se disocian del relato precisamente porque
no hay, y dejan de prestarle atención al resto de los elementos que se supone
acompañarían ese relato, como a las imágenes, las cuales se convierten en una
sucesión de imágenes inconexas de las cuales no es posible extraer significado alguno.
Para mí esta película es
totalmente sensitiva y emocional, con imágenes metafóricas intensificadas por
los sonidos estridentes que las acompañan. Además, esa combinación de sonidos e
imágenes recrean una intriga fuera de plano que se apodera de una manera física
y emocional del espectador. El trabajo de cámara y espacio y esos planos asfixiados
de los personajes y movimientos de cámara intensos pueden incluso generar sensación
de angustia y ansiedad a quién más lo siente. Y no solo eso, sino que a medida
que el delirio se va apoderando del film, se trasciende desde lo tranquilo, intrigante
y la turbiedad del principio hacia la intensidad, la rapidez, y la ferocidad de
las acciones al final. Desde luego, enfrentarse a Mother! supone todo un
desafío.
Por eso, desde mi punto de vista
Darren Aronofsky es un director visceral y con mucha personalidad que siempre
sorprende y nunca decepciona, ya sea por la magnitud visual con la que
desarrolla un proyecto, o por la reflexión que incita en cada uno de ellos. Es
un director quizá para no ser comprendido, sino para dejarse llevar por la intensidad
de las emociones y los actos que intenta representar.
SIGNIFICADO DE LA
PELÍCULA
Es muy difícil establecer una
línea entre lo que es spoiler o no. Por eso como este apartado está dedicado a
explicar, según en palabras del autor, el significado de algunos de los
elementos de la película, aconsejo al lector que cese aquí su lectura, si es
que desea ver la película sin ningún tipo de influencia o condicionamiento
externo. Es decir, totalmente libre.
Lo único claro de esta película
es algo, que a través de una atmósfera terrorífica y surrealista se logra
transformar una situación tremendamente arquetípica: una mujer embarazada que
va sacando su lado más neurótico a causa de unos invitados de lo más
impertinentes, y que no acepta que su marido con carácter narcicista de
artista/creador le haga más caso a los invitados que a ella.
Hasta aquí todo bien, todos en
situación, hasta que con pequeños giros cada vez más espeluznantes la obra va
adquiriendo un tono más sobrecogedor. La
obra se va transformando, y es el momento en el que se empiezan a sacar ideas o
posibles interpretaciones basadas en nuestro conocimiento cinematográfico de
otras obras como El resplandor o La semilla del diablo. Sin embargo, toda
interpretación es posible hasta que deja de serlo. Y en esta película deja de
serlo a partir del tercer acto.
Puede ser casualidad que la
proximidad entre el día de la tierra y el de la madre sea solo de 10 días. Lo
que no es casualidad es su relación alegórica y el cómo aparecen representados
aquí. ¿Y por qué digo esto? Iré directa
al grano.
La lectura más obvia según Aronofsky
sería una total referencia a la religión:
Una interpretación del libro
bíblico del Génesis: el Jardín de las Delicias y los primeros humanos en poblar
la tierra, Adán y Eva (Ed Harris y Michelle Pfeiffer), la envidia de Caín (uno
de los hijos de Harris y Pfeiffer acaba asesinando al otro), la tozudez de Dios
empeñado en poblar la tierra, la deriva en una superpoblación del planeta y en
cómo Dios termina culminando su creación y cientos de sus seguidores caerán en crisis
morales y sociales que desembocarán en un fanatismo que llevarán al caos y la
violencia y al progresivo debacle apocalíptico al que parece condenada la raza
humana.
En medio de eso se producirá una
de las escenas más controvertidas de la película, Jennifer dará a luz al hijo
de Dios, y éste decidirá satisfacer a sus fieles enseñando al bebé, momento en
el que se le romperá el cuello y los fieles procederán a destrozarlo y devorarlo,
simbolizando el pan y el vino que representan el cuerpo y la sangre de Cristo. Sin
embargo, en esta lectura no se sabe a quién interpretaría Jennifer Lawrence. ¿Quizá
a un espectador del siglo XXI cuestionándose su fe?
La siguiente lectura sería
concebida como la oficial: Aronofsky y la madre naturaleza
Jennifer interpretaría a la Madre
Tierra, aquella que siempre anda protegiendo a todos los habitantes que vive en
ella, en la casa, casa que representa a su vez la Tierra. Pero los habitantes
que la van habitando hacen con ella lo que quieren, y la van usando y
destrozando como si pensasen que esa casa es suya y les perteneciera. Sería una historia de cómo concibe la creación
la madre naturaleza, contada a través de sus ojos.
En palabras del autor:
“Hay elementos totalmente bíblicos,
pero es la estructura del filme lo que coge de la Biblia, usándola como un
mecanismo para analizar cómo los humanos han vivido aquí en la Tierra. Pero también
fue algo intencionado ser ambiguo, porque eso no es una historia; es más un
elemento estructural. Hay muchos detalles, huevos de pascua y cosas interconectadas,
y creo que en ellas radica la diversión de desgranar la película”.
¿Pero quién deja pasar a esos
habitantes? Javier Bardem, que interpretaría a Dios, el creador ególatra cuya
palabra todos siguen, y a quien todos quieren acercarse buscando algo, quizá un
diamante azul o quizá una respuesta a la pregunta metáfora mayor cuestionada de
la historia: ¿cuál es el secreto de la vida?
Javier Bardem es un hombre que
quiere ser seguido y escuchado, y lo especial para él no es la Madre Tierra,
sino la gente que crea, porque él creó la Tierra para que los humanos vivieran
en ella y hace la vista gorda cuando la destrozan.
Es por eso por lo que esta
lectura experimenta la relación entre Bardem y Jennifer, y en cómo esta se
encargaría de dar hogar a todos los humanos que la habitan, y estaría condenada
a ver como explotan sus recursos hasta agotarla a ella.
La casa es una especie de alter
ego de la misma, y como dije, representa la Tierra. Por eso ella escucha un
corazón que late detrás de la pared. Porque la casa está viva. Los rastros de
sangre que ve en el suelo serían una alegoría de cómo la tierra se desangra
cada vez que la utilizan sin control y sin respeto. De aquí se infiere un gran
mensaje ecológico y político.
Quizá esta lectura se puede construir
como una crítica durísima a nuestra mera existencia más que una crítica a la
religión en sí. En cómo se confiere la humanidad a partir de los males de una
fuerte integridad religiosa, y en dónde está el límite entre unas creencias y el
espacio en el que se cree.
Ese tercer acto al que me refería
al principio es a partir del cual se empieza a desencadenar toda la acción. El
mismo en el que todos los elementos que se van desarrollando durante el primero
y el segundo toman forma para precipitarse hacia la reflexión final: los efectos que la
humanidad tiene sobre el planeta. Los comportamientos de los humanos aparecen
de manera violenta, irrespetuosa, anárquica, y se deja el mensaje de cómo nos
aprovechamos de nuestra condición y como con nuestro egoísmo y nuestra
despreocupación dañamos la paz y vamos haciendo sangrar las paredes de la Madre
Naturaleza. Un hogar que acaba siendo lugar de peleas, manifestaciones
violentas, fanatismo religioso, y guerras.
A pesar de todos esos actos destructivos
de los habitantes seguidores en la casa, Aronofsky hace un guiño a que de vez
en cuando, esos habitantes hacen algo por intentar enmendar sus errores, como
la escena en la que un grupo de visitantes pinta las paredes de la casa, a
pesar de que antes la han destrozado. Sin embargo, esa acción aparece
insignificante. Parece ser de nuevo una alegoría: ¿el mal ya está hecho y no
hay marcha atrás?. La Madre Tierra ya nos ha dado todo lo que tiene, la hemos
explotado y seguiremos desangrándola hasta sus límites.
De hecho, sus pulmones ya están
incendiados. Y finalmente, acabará entregándonos su corazón, y nosotros lo devoraremos.
LA PARED BLANCA
La protagonista además, más allá
de su permanente estado de asombro y desconcierto por la constante entrada de invitados
en su casa debe enfrentarse a pintar una pared blanca y llenarla de colores. Una
metáfora de cómo Aronofksy interpreta el cine, como un lienzo en blanco sobre
el que poder crear con toda libertad y sin normas preestablecidas. Normas bajo
las que utiliza todos los elementos necesarios para llevar sus alegorías al
espectador, sin dosificar ningún recurso o hipérbole visual.
Con qué posible interpretación se
queda cada espectador está en cada uno de ellos.
Pero Mother! es de esas
películas que se disfruta más tras el visionado, y tras comprender aquello a lo
que se ha estado expuesto. “Se sufre durante su ingestión y se disfruta en su
digestión” como le vi a un reseñador. Una contemplación estética de lo más excepcional,
un terremoto desquiciadamente único y brutal del que muy pocos son capaces de disfrutar,
y solo aquel que se atreva a verla se expondrá a una frenética y subjetiva
experiencia de lo más visual y emocional.









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