Midnight in París





Era: periodo histórico caracterizado por el dominio de un determinado proceso.

Generación: del latín “generatio” = engendrar, generar.

Engendrar: préstamo del latín ingenerare: “hacer nacer”, “crear”, “generar”.

Generación: Conjunto de personas que, por haber nacido en fechas próximas y recibido educación e influjos culturales y sociales semejantes, se comportan de manera afín o comparable en algunos sentidos.

La generación dorada, la generación del 27, la del 37, la del 98, la generación perdida, la baby-boomer, la X, la Y, la Z…Todas y cada una de ellas con sus puntos de partida, sus logros, sus hazañas, derrotas, proezas, figuras, líderes, movimientos, revoluciones, nacimientos y acciones. Desde la contracultura a la cultura popular pasando por los nuevos medios de comunicación de masas… Y todas con personajes atormentados intentando encontrarse a sí mismos en una era o una generación a la que no sienten que pertenecen o con la que no se sienten identificadas.
Personas con presentes no lo suficientemente satisfactorios comparado con el placer obtenido del conocimiento de generaciones anteriores. Personas que huyen a eras anteriores, a través de la música, la literatura o el cine… Personas con el pensamiento de vivir en una era que no es la suya, y de sentirse representados por otra que sí lo fue, su era dorada.

Pero el presente es insatisfactorio porque la vida también lo es, o al menos así se alude en Midnight in Paris, la comedia romántica dirigida por Woody Allen en 2011, que además se llevo el premio a mejor guion original. 
Nueve años han pasado ya desde que Allen en el minuto 11 de película denominara el concepto de la “Golden Age Thinking” o “el pensamiento de la era dorada”, acuñado como gente que vive en el pasado, que siente que sus vidas hubieran sido más felices si hubieran vivido en un tiempo anterior. 

En concreto, la película se centra en los debacles existencialistas de Gil Pender (Owen Wilson), un guionista de Hollywood con alma de bohemio que quiere convertirse en un escritor para que le tomen en serio y que está pasando con su prometida y sus padres un periodo en Paris. Gil es un escritor que no se atreve a enseñar su obra y que se intenta descubrir a sí mismo por las calles de la ciudad que conquistó el alma de escritores, pintores, músicos y directores. Además, insatisfecho con su situación actual, sueña con los felices años 20, con la época del vanguardismo y cae en una especie de sueño nocturno de medio noche a través del cual parece ser transportado a otro mundo. A su era dorada, un mundo pasado en el que empieza a conocer algunos de los artistas de esa época que él tanto admira y que jamás hubiera pensado que podría llegar a conocer.



Su imaginación y su fascinación por París se convertirán en una vía de escape de su insatisfecha realidad. Una en la que nadie comprende realmente como se siente. Así es como cada noche empieza a conocer a personajes que de algún modo u otro coincidieron en uno de los momentos culturales más álgidos en París. Luis Buñuel, Pablo Picasso, Salvador Dalí, Scott y Zelda Fitzgerald… Personajes cuyas vidas se cruzaron, y que se cruzan ahora imaginariamente en la vida de Gil, un onírico universo que constituyen el marco idílico entre los que creerá haber encontrado a su amor ideal, Adriana (interpretada por Marion Cotillard), Un marco a través del cual Pender descubrirá que todo tiene un pasado y un presente, y que toda acción en el presente tiene una gran trascendencia e influencia en el futuro.

                                       

     
               

En ese pasado Gil encuentra un amor poético, musical e idílico y que comprende su amor por la escritura (al contrario que en la realidad). Sin embargo, ese pasado irreal en el que se ausenta y a través del cual huye, es fruto de todos los artistas que ha leído y todo el arte que ha visto, y además, se desvanece en el momento en el que ese amor que ha encontrado también sufre al vivir su presente. Adriana también considera insatisfechos para ella los años 20 y quiere regresar a otra época que para ella fue mejor, la Belle époque. 
El protagonista logrará darse cuenta de lo que significa la huída de la realidad, y de que no es tan buena como la misma. De que ese falso amor ilusorio no tiene porqué ser una ilusión en sí mismo, sino que se puede volver realidad y que muchas veces puede estar ahí, en cualquier sitio, pero como no logramos ver más allá de lo que tenemos delante podemos no darnos cuenta.



En definitiva, Midnight in Paris, en comparación con la crudeza real de otros filmes de Allen como Manhattan (1979), Annie Hall (1977) o La Rosa púrpura del Cairo (1985); es un film muy tranquilo pero atrevido (al mezclar ficción con realidad), y transmite cierta verdad optimista hasta el punto de ser esperanzadora. Sus frases están cargadas de un enorme y fuerte mensaje hacia diferentes formas de tratar el amor: el amor al arte, hacia otra persona,  y hacia la vida misma:  

“We all question our faith and our place in the universe. The artist´s job is not to succumb to despair, but to find an antidote for the emptiness of existence. Don’t be a defeatist”.

Además, otro de los mensajes es que finalmente lo que trasciende es que “solo el que ama algo de verdad puede llegar a entenderlo”, que muchas veces los sentimientos están por encima de la razón, y que lo que hay que hacer es dejare llevar por ellos, más allá de cualquier miedo a las posible consecuencias.


Esta película hace brotar la idea de la huída hacia otro tiempo pasado y la reflexión sobre añorar una “edad de oro” anterior. Es verdad que hay mucha gente representada por este sentimiento, personas que no creen para nada en aquello que creó su propia generación, que encuentran puntos de vista similares a los suyos en referentes culturales que no son de “su época” o personas identificadas con movimientos culturales anteriores a su propia generación.

Simon Reynolds no se equivoca en la definición del concepto de retromanía, y es que hoy en día vivimos en una era en la que la cultura pop por ejemplo ha vuelto a apostar por lo retro y la conmemoración: bandas que vuelven a juntarse, mashups, biopics, documentales de rock... Además, la sobreabundancia de influencias e imágenes del pasado gracias a la afluencia de las nuevas tecnologías parece haber convertido a artistas y oyentes en arqueólogos y activistas. Por ejemplo, músicos de hoy día que no paran de proceder al reciclado y la recurrencia en rasgos estructurales a reinventarse a través de fórmulas antiguas; artistas que encuentran en obras del existencialismo e incluso del surrealismo una gran fuente potente de inspiración o de otros movimientos surgidos en generaciones anteriores, o incluso escritores que buscan en sus formas narrativas una semejanza a escritores que tuvieron su auge en épocas pasadas…

Las preguntas que intento formular a partir de esta película son: ¿Nos dirigimos a una especie de vacío de nuevas creaciones culturales? ¿son posibles nuevas formas creativas que no estén ligadas al pasado? ¿son posibles nuevos movimientos musicales tan grandes como la gran fuerza trascendental que cobró el rock? ¿o movimientos sociales tan comprometidos como los antes? ¿ha dejado la gente de estar tan comprometida con sus ideales como para transformarlos en un gran movimiento? ¿estamos ante la era del conformismo? ¿se ha dejado de crear algo nuevo para simplemente basarse en estructuras del pasado? ¿Nos dirigimos acaso hacia una especie de catástrofe ecológico-cultural, en la que la búsqueda en los archivos de la historia de otros movimientos o artistas pasados también se agotarán? ¿Qué sucederá cuando nos quedemos sin pasado?

¿Habrá algo en el paisaje musical actual que sea lo suficientemente rico para sustentar formas futuras de revivalismo? ¿O es que acaso el reciclado degradará el material original hasta un punto en el que ya no se le pueda extraer valor de uso alguno?
Eso quiere decir, ¿las generaciones de ahora son generaciones en sí, o son simplemente, formas constantes de retromanía basadas en generaciones antiguas? ¿está todo el mundo cómodo con su generación? ¿o es la gran mayoría la que se siente parte de una cultura pasada o anterior?

Son demasiadas preguntas para las que ni yo tengo las respuestas ni el presente las tiene. Solo el futuro. Pero lo que sí es seguro es que esta película de Allen cobrará gran trascendencia en el tiempo y quien sabe si cuya forma no servirá de inspiración o será reciclada por generaciones posteriores, o si estas no seguirán perdiendo el tiempo y filosofando como lo hago yo ahora, hasta convertirse en una especie de espiral interrogatoria gigante e infinita atrapada en el día de la marmota. Una espiral extensible e inacabable. Constantemente destinada a repetirse en este mundo inestable con tendencia a resarcirse.

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