EL bosque de Shyamalan y el miedo. Breve análisis narrativo.
Han pasado 16 años desde que el aclamado director de El sexto sentido (1999) M. Night Shyamalan sorprendiera con este drama de intriga en 2004, poco después de la primera película de su trilogía de ficción El protegido (2000), y que continuaría después con Múltiple (2016) y Glass (2019).
Esta
película de terror, más allá de ser de terror, trata sobre el mismo, y supone
una reflexión sobre el mapa metafórico de los miedos más profundos del ser humano
y como ese terror se utiliza como arma de control. De hecho, la importancia que
tuvo su mensaje en su momento podría haberse trasladado y materializado en el
presente, y en el hecho de cómo el miedo generado por una pandemia está
afectando a la manera en la que los humanos se relacionan con su entorno condicionados
por el contexto cultural y socioeconómico en el que viven.
Pero
antes de hacer suposiciones remontémonos a la sinopsis:
Unos
miembros de una pequeña comunidad aislada en Pensilvania viven con miedo y
terror por presencia de unas terribles criaturas que habitan en los bosques de los
alrededores, y para salvarse de ellas deben cumplir ciertas reglas: evitar el
color rojo porque atrae a esos extraños seres, estar alejados del bosque, y
obedecer a la campana de alerta que indica que esos monstruos se están
acercando a la aldea.
Hasta
aquí todo bien sino fuera porque en la mitad de la película se descubre que
(atención spoiler), los monstruos en realidad no existen y son un invento de
los mayores de la comunidad. Por lo tanto el tema de la película es
claro: los dirigentes de la comunidad han creado unos monstruos y un miedo
entorno a ellos para evitar que los miembros de esta la abandonen. Es decir, el
uso del miedo para el control de las sociedades. El miedo al dolor, la muerte,
al castigo, la perdida, a lo desconocido, a lo incontrolable. Un miedo que sirve
para manipular la libertad y las acciones de un pueblo creando monstruos que
pueden atacarlos en el bosque para que no lo atraviesen y lleguen a la ciudad.
Otro
de los temas de la película podría ser el amor, uno que podría ser igual de
primigenio e impredecible que el miedo. Se trataría del amor ingenuo entre Avy y
Lucius, y entre el padre de Avy y la madre de Lucius, y también la locura del
amor más irracional representada a través de los celos, que llega a cobrarse la
muerte de uno de los personajes.
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La estructura
narrativa es lineal ya que no hay gran cantidad de omisiones temporales o
flashbacks, y estaría organizada por 3 actos. El 1er acto sería cuando se
presenta a los personajes, y se presenta el conflicto por el que Lucius tiene
que atravesar el bosque para llegar a la ciudad a conseguir medicinas para su
amigo. El primer punto de giro sería el momento en el que Noa acuchilla a
Lucius, y de repente "desaparece de la acción principal" uno de los
personajes "protagonistas". El 2º acto duraría hasta que Avy quiere
ir a la ciudad para encontrar medicinas para Lucius y se presenta el 2º punto
de giro, en el que se descubre que los monstruos no existen. El tercer acto
duraría hasta el final de la película, en el que se encuentra el clímax, que es
el momento en el que llega al muro que les separa del resto de la civilización.
Ese
gran punto de giro por el que uno de los protagonistas cae enfermo hace que la
motivación de otro de los personajes principales se convierta en el motor y
propósito principal de la historia: Avy tiene que ir a la ciudad a por las
medicinas para curar a Lucius y que no muera.
Además,
el uso narrativo que se hace tanto de la luz, como del espacio como del
sonido ayudan al desarrollo y al tono del film.
Un uso narrativo de la iluminación perfectamente ejecutado a través de los planos abiertos que reflejan espacios del mismo tamaño, iluminados, y por el contrario, espacios cerrados que aparecen representados por planos más cerrados, más claustrofóbicos, con más sombras y más oscuros. Un ejemplo de esto último es cuando las familias se esconden de los "monstruos" en el suelo. En el final de la película, cuando Avy está en el bosque se juega con los espacios ilusorios cuando esta se tropieza con la misma rama del árbol que está al lado del agujero en el que casi se cae, el mismo en el que Noa cae disfrazado de monstruo.
El uso del sonido también se evidencia en el momento en el que estos se convierten en un elemento enfatizante y agudizador de los sentidos de la vista y el oído, representando como percibiríamos los sonidos si no pudiéramos ver.
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El eco se convierte así en un elemento representativo más de la atmósfera y la intensidad de la banda sonora por la que James Newton Howard se llevó el premio Óscar. Un inciso aquí a Newton Howard, conocido por participar en el álbum de la banda sonora de The Dark Knight (2008), junto a Hans Zimmer, y también por colaborar en otros álbumes como King Kong y el soundtrack de la película animada de Peter Pan en 2003.
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El
juego que va funcionado a lo largo de toda la película es la creación de expectativas
en torno a esa intriga que genera el hecho de la aparición de las criaturas y el
comportamiento de todos los individuos con respecto a ellas. Expectativas que
se rompen en el momento en el que el padre de Avy le enseña que una de las criaturas
del bosque que tiene encerrada en su cabaña resulta ser un títere. Es decir, que
descubrimos como espectadores y gracias al personaje de la protagonista que los
monstruos son una invención de los más poderosos del pueblo, para evitar
precisamente que la gente abandone ese pueblo para marcharse a la ciudad. Esto es una anagnórisis
que provocará un cambio en el arco de personaje de Avy.
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| Avy y su padre |
Otro
momento en el que se rompen las expectativas es el final, cuando Avy, en el
momento en el que parece cumplir su objetivo y llega a una ciudad que podría
estar en sintonía con la época de su aldea (porque parece que la comunidad ha vivido ajena
a los cambios de tiempo y que siguen en el siglo XIX), descubre que esa ciudad
es en realidad una civilización ya más avanzada que ellos. Un revés aplicado al
clímax que consigue mantener la tensión dramática casi al final de la narración.
Como ya he dicho, esas rupturas de expectativas también van construyendo el arco de transformación de los personajes protagonistas. El arco que más cambia es el de Avy, que al final acaba transformándose en "heroína" ya que se impone por encima de las normas establecidas del pueblo para poder atravesar el bosque y cumplir su objetivo, en este caso salvar a la persona que quiere. A pesar de sus miedos lo consigue, y se da su transformación. Desde el acatamiento de una actitud cohibida y sumisa, hasta el atrevimiento de cruzar el bosque en un acto de rebeldía, e incluso enfrentarse a uno de los "monstruos" a pesar de que se le había dicho que no existían. Se vuelve más valiente, decidida y segura de sí misma al liberarse de los miedos de una sociedad que la oprimían y le impedían realizar lo que quería, convirtiéndose así en un personaje de carácter más fuerte.
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El arco del personaje de Lucius también sufre una transformación ya que al principio quiere salvar a su amigo y después va interactuando más con Avy y se da cuenta de que en su vida también hay otro objetivo que es el amor.
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| Avy y Lucius |
La subtrama amorosa y sus dos arcos van confluyendo y
relacionándose hasta que uno de ellos, Lucius desaparece momentáneamente del tablero
de la acción y se convierte en un elemento pasivo para el desarrollo del arco
de transformación de Avy, de tal manera que el salvar a Lucius se convertirá en uno de los objetivos de la protagonista y en uno de los principales conflictos del
personaje al mismo tiempo que trocará en una de las nuevas tramas de la acción.
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En definitiva
y más allá de todo este análisis narrativo, esta película se constituye como una
historia trágica y en cierto sentido se desenvuelve de una manera
claustrofóbica y desasosegante, en la que se muestra como el poder del amor o
un objetivo más allá del miedo consiguen deshacer una barrera de convenciones socio-culturales
y los modelos representacionales que son inculcados desde la infancia,
intentando controlar nuestra actitudes, formando nuestros prejuicios y
coartando nuestras libertades.
Supone
una crítica a la sobreprotección en contra de la libertad, a la libertad y el
engaño en pos de un supuesto beneficio mayoritario, el miedo como bloqueo y
derribo de los principios éticos que se supone lleva consigo el ser humano, y el
falso amor como excusa justificable de los actos de manipulación.
Se
convierte así en una fábula y una evasión bajo unas premisas narrativas a modo
de cuento, y una parábola del poder del miedo en unas sociedades fácilmente
adoctrinantes, ignorantes y manipulables. Una fábula que va tratando con un
ritmo lento y pausado las creencias y los cuestionamientos, bajo la cotidianeidad
de unos valores sostenidos dentro de una comunidad, y termina por dar la vuelta
al argumento y lo convierte en una búsqueda de la verdad más allá de lo
establecido, en un análisis sobre el uso del terror y nuestra capacidad para
cuestionarlo y vencerlo, en una metáfora sobre cruzar un bosque, un bosque de
normalizaciones y convenciones, y que puede cambiar nuestra vida una vez que
nos atrevemos a cruzarlo. Miedos
construidos por prismas culturales bajo los que nacemos y nos criamos. Miedos
que juegan con los estándares de nuestras libertades. Miedos creados a veces bajo
invenciones y como banalidades.
Sin
embargo, también se juega con los miedos reales.
Shyamalan
habla del miedo como un sentimiento común, irracional, incontrolable, un
instrumento de manipulación del que se han servido todos los estratos sociales desde
el inicio de los tiempos. Un miedo que los centros de poder se han encargado de
controlar, y que han ido adoptando varias formas a lo largo de la historia de
las sociedades: en forma de regímenes políticos y autoritarios, guerras o pandemias
globales.
En
definitiva y a modo de redundancia, todo se reduce al miedo como base de
control del poder. Una alegoría mía que surge bajo el prisma de la cuarentena,
pero por supuesto, esta no es la única interpretación. Hay tantas visiones como
espectadores, y estáis invitados a verla, rebatirla y plantearos vuestras propias
cuestiones.











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