PARÁSITOS y la reflexión de clases
Antes de comenzar, quiero avisar de que el contenido de esta
crítica contiene spoilers. Si deseas seguir leyendo todo pesará bajo tu propia
responsabilidad.
Bien, y ahora, ¿por dónde empiezo?
¿Por la fuerte crítica a la diferencia entre ricos y pobres?,
¿por la misma indiferencia de unas clases hacia otras?, ¿por el adaptarse a los
mínimos recursos y saber cómo utilizarlos para poder sobrevivir?, ¿por el
aprovechamiento humano?, ¿por las ironías de la vida? ¿por los parásitos?, o
por ¿quién parasita a quién?
Quizá empezar porque más allá de que haya sido ganadora de
seis Óscars: a mejor película, mejor guion original, mejor director, mejor
película no extranjera, mejor diseño de producción y mejor montaje, `Parásitos´
o `Gisaengchung´ (su título original) se constituye como una reivindicación,
esta vez, como es frecuente en la filmografía de Bong Joon Ho, a la hipocresía
y a la diferenciación de las clases sociales.


Idea principal de la película
La familia de Gi Woo está en paro, su padre y su madre no
trabajan, él no ha podido empezar la universidad porque no tienen dinero y su
hermana ha tenido que abandonar la escuela porque no podía pagarla. La familia
vive literalmente bajo tierra, como unos bichos, en una especie de sótano con
unas únicas vistas a través de una ventana en la que se ve representada la
inmundicia y la pobreza más absoluta de la sucia calle norcoreana en la que
viven y los personajes que la atraviesan cada día.
Un día llega a sus vidas un amigo del colegio de Gi Woo, quien
les regala una piedra – la piedra de la riqueza-, y ofrece a Gi Woo un puesto
como profesor de clases particulares en la casa de la familia rica Park. Gi Woo
comienza a ingeniar un plan para introducir en la casa rica a cada uno de los
miembros de su familia en una posición de trabajo diferente. Y así es cada uno
de ellos se infiltran a base de mentiras y estafas como empleados de la otra: su
hermana entra como profesora y psicóloga artística del niño pequeño de la
familia, su padre como chófer del señor Park y su madre como ama de llaves, en
sustitución de la anterior, a quien se las ingenian para conseguir su despido.
Hasta aquí todo bien, Kevin y su familia se hayan en la
cumbre de la riqueza más absoluta y que jamás ha explorado. Están mejorando su “condición”,
y nadie de la familia Park sospecha que ellos son familia. Sin embargo, un día
se toman demasiadas confianzas y empiezan a “aprovecharse” de su condición.
Sin embargo comienza un maravilloso punto de giro.
La familia se encuentra con la anterior empleada doméstica,
que bien podría estar en las mismas condiciones que ellos, pobre, al borde del desahucio,
y con el marido viviendo en un búnker que se construyó debajo de la casa en
caso de bombardeos norcoreanos.
El marido había estado viviendo ahí durante 4 años, siendo
alimentado a menudo por su mujer a escondidas, literalmente en un agujero
totalmente readaptado al que se había acostumbrado a vivir, una condición de
vida deplorable que había acabado aceptando al quedarse sin trabajo, por el
hecho de no poder optar a nada mejor.
La trama se volverá más interesante cuando se descubren los
unos a los otros, y la empleada y su marido también descubren que todos los Kim
son familia. Ahí comenzarán una serie de forcejeos y chantajes que bien podrían
representar una lucha de pobres por culpa de los ricos. Unos parásitos
parasitados luchando por la mejor casa a la que parasitar.
La ironía
de la piedra de la fortuna

Una piedra que trae riqueza material a la familia que la posea. Su nombre en coreno es Suseok, y toma forma a partir de elementos naturales como el viento y el agua. Las piezas en forma de oleaje son las más deseadas. Sin embargo, una de los elementos que debe cumplir es no ser alterado por ningún humano, sino que debe permanecer en su estado natural.
Tras
ser recibida en casa de la familia Kim su situación económica mejora. En la
escena de la inundación, esta aparece flotando por encima de las aguas
residuales y todo empieza a empeorar para la familia hasta convertirse en una
herramienta que apresuró el camino a la violencia con la que culmina la
película.
Por
tanto, no se sabe si esta tradición supersticiosa originada en el siglo XIII en
Corea es lo que ocasionó que la familia tuviera suerte en ese sentido, o si en
realidad fueron ellos mismos los que consiguieron “prosperar” con su
esfuerzo. Sin embargo, no deja de ser
una piedra que se aferraba tanto a Gi Woo, que al final casi acaba matándolo.
La
metáfora de la ventana

El doble sentido de Parásitos
Constantemente
se juega con el doble sentido de la palabra, como si de la Metamorfosis de Kafka se tratara, en esta película también podría
observarse una transformación a lo largo de la película, sobre todo en el
padre, quien al final acaba viviendo como un bicho, como un parásito, dentro
del búnker de la casa rica.
Al
comienzo de la película, deciden abrir la ventana porque están fumigando la calle
y como en su casa también hay una plaga de bichos el padre piensa que les va a
venir bien la fumigación. A su vez los hijos están intentando conseguir el
wifi, y buscan por todos los lugares de la casa. Ya sea un problema tecnológico
o natural, se observa una comparación metafórica entre los protagonistas y los
parásitos, tanto literal como figuradamente.


A
medida que los miembros de la familia entran a trabajar para la otra familia se
observa la otra clase social, la rica, la de momento, parasitada. Tienen de
todo, les sobra, no les importa y ni siquiera lo valoran, por lo tanto el que
la otra familia sea considerada como parásito no se considera tan malo. Es
decir ni se justifican las acciones y estafas de la familia Kim ni se condenan.
Además
poco a poco se descubrirá que no solo es esa familia la que ha vivido a base de
parasitar a una familia de clase social superior, sino que también habrá otra,
que se ha mantenido de esa manera. Por tanto ya son dos las familias
desfavorecidas que van a producir un sentimiento de compasión y de
predisposición a posicionarnos a su lado.
En
este momento se inclina la balanza, y el concepto de parásito cobra un doble
sentido de nuevo. Ya no se sabe quién se ha visto favorecido o desfavorecido
por quien, y quien realmente ha sido perjudicado por el otro, si el rico por el
pobre o el pobre por el rico. A partir de ese momento es al rico a quien se le
empieza a ver como a un parásito, y al pobre como al parasitado.
Según el director, esta película no es una sátira en la que una familia pobre se aprovecha de una adinerada, sino al contrario, es la propia falta de dinero la que empuja a una familia que en verdad son personas con talento y dignidad a aprovecharse de los ricos. Además la clase adinerada necesita a sus empleados para realizar sus tareas, por lo que también son parásitos.
La
metáfora del mal olor
Se
va construyendo a lo largo de la película, y se constituye como máxima
diferencia entre una familia y otra. A pesar de que la familia
Park no sospecha de sus empleados, hay algo que predomina por encima de toda
sospecha, el olor, el olor a pobre, a inmundicia, algo que ni ellos pueden
descubrir. Y algo que se va ungiendo como algo que el protagonista y padre de
familia no podrá soportar Kim-ki taek (Song Kang-ho).
Un
olor que no proviene de ningún perfume, de ningún jabón o champú, o de su ropa,
sino de su condición. El olor de la gente del metro, del pobre, que tanto odia
la educada y familia rica Park. Una metáfora que va cobrando forma, y se va
desarrollando poco a poco, como un detonador, en la cabeza de uno de los
protagonistas, el padre, hasta que detona. Y lo hace en una secuencia final
apoteósica, no sin antes pasar por escenas previas como la simple apertura de una
ventana de coche sin ningún tipo de discreción ni ocultación de la aberración
que la mujer sentía por el olor del chofer Kim.
Alcanzando
el clímax
Se va a ir fraguando poco a poco, y se va construyendo a lo largo del
segundo y el tercer acto. El punto de giro que da comienzo al tercer acto son
unas lluvias torrenciales. Unas que afectan ligeramente a la familia rica
obligándoles a abandonar la campada que estaban realizando pero que afectan drásticamente
al hogar de la familia de los Kim, y se la encuentran totalmente inundada de
aguas fecales. Con todo destrozado y con su “olor a pobre” aún más evidenciado,
tienen que volver a trabajar un domingo, porque la familia Park quieren
preparar una fiesta de cumpleaños para su hijo. La familia pobre no solo se ve
obligada a trabajar forzando sus límites después de haber pasado la noche
durmiendo en un polideportivo por haberse quedado sin su casa, sino que también
tienen que escuchar las barbaridades ecpáticas de la familia rica como el “esplendido
día que han dejado las lluvias” sin tener en consideración las miles de
personas afectadas por las inundaciones, y el desprecio una vez más hacia el
olor del señor Kim al bajar la ventanilla del coche trasera. Éste último hecho
será uno de los cúmulos que harán que el señor Kim detone más adelante en la
violencia más absoluta.
Comienza la fiesta y toda una serie de sucesos se desencadenan, el
hombre del sótano - el marido de la anterior empleada doméstica – trastornado por
su antiguo pasado y aún perdido en la veneración a un jefe que le parasitó y
del que se convirtió en parásito consigue escapar, produciendo una serie de
infortunios. Uno de ellos es que apuñala a “Jessica”, y provoca un ataque
epiléptico al niño rico de la familia – un niño que estaba atormentada por un “fantasma”
que no dejaba de dibujar en sus cuadros picassianos- .
Este será un momento en el que el señor Kim explotará de rabia, no ya
porque la familia rica le pide que ayude a su hijo antes que a su propia hija
que se estaba desangrando, sino porque reaccionan ante el señor atormentada y
ante el ataque con asco, tapándose la nariz una vez más por ese olor mundano
que tan incapaces son de soportar, el “olor a pobreza”. Esta será la gota que
colme el vaso y que haga que Kim detone contra el señor Park, al que apuñala
por sus continuas ofensas hacia él, su familia y su clase social.


Pequeños hechos que se han ido fraguando a lo largo de la película y que
producen una transformación creíble de una persona para nada violenta, a un
estado de violencia extrema nacida precisamente de una mezcla de rabia, odio e
ira hacia la familia rica. El director explora el nivel de violencia al que
puede llegar una persona normal, una violencia que cobra forma a lo largo de la
película, se forma y progresa hasta que explota en forma de tragedia inesperada
en una situación tornada cotidiana.
After Clímax
Después de producirse el clímax de la película, el resto de funciona a modo de epílogo para explica lo sucedido tras la muerte de la hija, tras el fuerte golpe en la cabeza que le asestaron al hijo y tras la desaparición del padre- en busca y captura ahora por el asesinato del señor Park-.
Resulta que el señor Kim se había escondido en el búnker secreto, y empezó a escribir mensajes cifrados en morse y a comunicarlos a través del interruptor de luz con el que se comunicaba el marido de la empleada, esperando que algún día su hijo pudiese descrifrar su mensaje.
Es a partir de este momento en el que comienza un final esperanzador, en el que Gi Woo responde a la carta de su padre pensando en planes futuros: convertirse en una persona tan rica como para poder comprar la casa y que su padre pudiese salir finalmente de ese sótano. De hecho, Joon-Ho enseña ese final emotivo, ese plano alejado en el que los tres miembros de la familia vuelven a reencontrarse y se funden en un abrazo después de varios años, en la misma casa con la que habían estado bromeando y soñando con tener algún día.
Sin embargo, ese final esperanzador e ilusorio se torna falso cuando de nuevo la realidad se impone, la ilusión se deshace y se muestra el mismo travelling en descenso de una ventana que nos muestra al hijo de nuevo en un semisótano, de joven y escribiendo aún esa carta.
Una carta que bien podría llegarse a cumplir en un futuro, o que bien podría perderse entre las ilusiones de un joven que acaba de sufrir una conmoción cerebral. Sea como sea, el final es abierto, y el futuro de la familia queda a nuestra elección.
El propio director explica el final para la revista Vulture:
"la cámara baja hasta el semisótano. Es un poco cruel y triste, pero creo que es real y honesto con la audiencia. Tú sabes, como yo y como todos, que ese chico no va a ser capaz de comprar esa casa. Sentí que era correcto ser franco en esta película, aunque quede triste. No estoy haciendo un documental ni propaganda. No trato de decirte como cambiar el mundo o como debes actuar cuando algo está mal. Solo muestro el terrible y explosivo estado de la realidad. Esto, creo, es la belleza del cine".
Conclusiones
Lo bueno de
esta película es que pasa de la comedia al horror en un momento, una puerta
detrás de un almacén que abre un suspense que atraviesa un largo pasillo y que
da a parar a un búnker donde se esconde un secreto que desencadenará todo el
desarrollo de la acción. Esta película juega con un factor sorpresa, que se ve
reforzado porque lo que parece una comedia con un tono satírico y social acaba
adquiriendo un trasfondo crítico mucho más profundo y dramático y acaba
culminando en una mezcla de drama y terror favorecida por la puesta en escena,
los juegos de luces y los frenéticos movimientos de cámara.
Una familia
en lo más bajo de la sociedad y con personajes muy diferenciados que viven el
día a día como pueden, sin pensar en el futuro –el padre le hace una referencia
al hijo en un momento de la película en el que le dice que las personas como
ellos no pueden tener ningún plan -. Unas personas que usan sus propios
recursos y artimañas y llegan a adquirir un nivel más o menos medio, pero que
siguen siendo considerados como pobres por aquellos de un nivel social
superior. Se constituye como una crítica
social precisamente porque la situación de los Kim lo sufren a diario millones
de familias que tienen que sobrevivir cada día como pueden, en la máxima
pobreza y desamparados.
Parásitos
muestra que al final los privilegiados son minoría, y que aunque los pobres
dependan de ellos para sobrevivir, es muchas veces esa minoría con fortuna la
que depende del resto de personas no tan privilegiadas. Unos ricos constituidos
parásitos que acaban destruyendo a familias. Familias predestinadas a un final
determinista precisamente por su condición, una condición que deja un rastro
mucho más fuerte que cualquier presencia, un olor tornado hedor para aquellos
que no son de su misma condición. Un olor que representa a todos aquellos que
sueñan con cambiar su condición a mejor, y que no paran de soñar despiertos.
Una
película de una furiosa crítica a la sociedad de clases en un mundo
donde cada vez esa diferencia es más extrema y acuciada en países capitalistas
como Corea del Sur. Además, se plantea quien es realmente el parásito, si el
individuo que no tiene casi nada y que se ve obligado a servir a otros
individuos que lo tienen todo, o un individuo que lo tiene todo, que no
comparte y que aún así se niega a ver o incluso compadecer al individuo que no
tiene nada.
Parásitos es de esas películas que te
mantienen enganchado gracias a ese factor sorpresa, de esas que te hacen perder
la concepción del tiempo, y cuyo argumento se desarrolla con tanta fluidez que
cuando llega al final aún quieres más, cuya base se sustenta en una cruda
representación de la realidad y un choque social.






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